Lunar Letter / Sé Congruente

Dentro de los desafíos que cada uno de nosotros tenemos, quizás uno de los más importantes es el de ser congruentes entre lo que sentimos y lo que somos. Desde muy pequeños se nos han inculcado ideas acerca de las normas y reglas que debemos seguir; sobre lo que es correcto e incorrecto, lo que debemos y no debemos hacer.

De niño continuamente oímos decir que: “Los hombres no lloran” y “las muchachas siempre tienen que estar lindas”. Sin embargo, el dolor que produce lágrimas no distingue género y todos tenemos un mal día de vez en cuando, aunque tengamos belleza. Nos instruyeron en el colegio para ser el mejor estudiante, en lugar de promover en nosotros el deseo de aprender y ser sabios. Nos premiaron cuando acatábamos las reglas y nos castigaron cuando salimos de sus límites. Nos enseñaron a abrazar el modelo de lo que significa ser un padre responsable y una madre cariñosa.

En la medida que fuimos creciendo, aprendimos también que debíamos estar siempre motivados porque eso de estar deprimido se veía mal, por tanto no estaba permitido. Hemos sido entrenados en vestir de forma impecable para poder salir a la calle y de paso, con una sonrisa de oreja a oreja. Hemos sido educados para estar contentos aún cuando nos sentimos mal y para decir: “gracias” y “por favor” hasta cuando nos parezca ilógico. Hemos sido condicionados a guardar silencio, aún cuando este no tuviera sentido.

Vale la pena entonces, preguntarnos:

¿Por qué hemos sido entrenados de esa forma y quién es responsable de llenarnos con tantos prejuicios sobre el bien y el mal?

Más que la sociedad, quien sirve como nuestro chivo expiatorio más usual, han sido nuestros propios padres, y sus padres. Con las mejores de intenciones, nos transmitieron una serie de ideales acerca de las características que una persona perfecta debía poseer, y dicho sea de paso, son casi imposibles de alcanzar.

¿Ha existido sobre esta tierra alguien cuyo comportamiento pueda decirse que fue impecable en todo momento, sin excepción alguna?

¿Existe alguien que no caído en la debilidad para pronunciar aunque sea una “mentira piadosa” con la justificación de no hacer sentir mal a quien está a su lado?

Es muy fácil hablar de honor, de honestidad e inclusive de integridad, sin embargo es difícil (por no decir imposible) experimentar una vida carente de cualquier error o nube negra que cubra nuestro cielo.

¿Es realista y loable querer ser esa persona perfecta, como meta que hay que lograr?

¿Hay algo peor que ir a un trabajo que odiamos; o acaso vivir repitiendo el mismo drama con la misma persona una y otra vez?

En lugar de buscar ser perfecto de acuerdo a alguna sugestiva definición, podemos dar lo mejor de nosotros mismos para ser congruentes con lo que sentimos, pensamos y hacemos, tomando en cuenta que:

No siempre nos sentimos bien

No siempre queremos andar de “punta en blanco” y salir con una sonrisa al mundo

No siempre queremos estar laborando en un trabajo en el que no vamos a llegar a ningún lado

No siempre queremos tener las mismas discusiones, por las mismas razones, con las mismas personas

Cuando comprendemos que lo realmente correcto e incorrecto tiene que ver con lo que sentimos por dentro, comenzamos a entender que no tenemos por que conformarnos o estar doblegados a todas las normativas que han sido parte de nuestra vida. Por otra parte, reconocemos que nuestros padres, maestros y otras personas que han marcado nuestra vida, no han querido hacernos daño intencionalmente, y por el contrario, han querido ayudarnos; sin embargo algunos de los patrones impartidos no concuerdan con la realidad.

¿Qué podemos hacer al respeto?

Podemos:

Ser congruentes dando nuestro mejor esfuerzo aunque no nos sintamos bien

Ser congruentes diciendo que “no puedo” cuando el cuerpo nos avisa y dice: ¡ya va!

Ser congruente desempeñándonos al máximo en el trabajo que tenemos sabiendo que es lo que nos sustenta y que nos puede hacer llegar a donde queremos estar

Ser congruente es decir: -¡ya basta! a la persona que sigue como un disco rayado, diciendo las mismas cosas que no queremos escuchar, una y otra vez hasta el infinito.

En la vida no todo lleva las tres “b” (bello, bonito y barato) y es entonces cuando podemos hundirnos en un pozo de lástima generado por nosotros mismos. Es en esos momentos cuando podremos fluir con lo que tenemos, donde estamos y como estamos. Ser congruente es saber que aunque no somos perfectos, somos perfectos en nuestra misma imperfección.

∞ Rob McBride ∞
LL IV 19